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Roberto Mouzo: Ídolo Xeneize, nos cuenta cuando tuvo que patear un penal a Boca con la camiseta de Estudiantes de Rio Cuarto.

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Roberto Mouzo es el jugador emblema de la Historia de Boca,allá por la década del 70 supo reemplazar a otro gran jugador como lo fue el Peruano  Julio Melendez Calderon.

Uno de los primeros recuerdos del autor con el jugador de Boca está anclado en los comienzos de los ’80, cuando apenas juntaba 7 u 8 años y solía acompañar a su abuelo a un típico bar de barrio, Congreso, donde se juntaba con sus amigos. El fútbol era el centro de las charlas y en una ocasión, el viejo Ávila, hombre de pocas palabras, pero conceptos certeros dijo: “Todos hablan de Maradona y Brindisi, pero sin Mouzo, Boca no es Boca”. Las miradas recayeron en él, que se puso de pie y sentenció: “Además, es un buen tipo”. Ávila jamás había tenido trato con Roberto Mouzo, pero eso es lo que se percibía de la imagen del defensor boquense.

Y cada vez que uno tiene trato con Mouzo, se confirman las palabras del viejo Ávila. Ese don de buena persona que traspasa enseguida la barrera de las formalidades para hacer sentir a gusto en la charla a quien tenga enfrente. Y que son muchos en las inmediaciones del hipódromo de San Isidro, donde uno lo encuentra con la inalterable rutina del ejercicio físico, con la misma dedicación de los tiempos profesionales. Rodeado del afecto de varias personas que comparten sus mañanas, ante la inminencia del choque por la Copa Argentina, nos contó con emoción los detalles de aquella noche de 1985, cuando un Boca en reconstrucción, huérfano de Bombonera, recibió en la cancha de Huracán por el torneo Nacional a Estudiantes de Río IV donde había llegado Mouzo tras una vida boquense.

“Son momentos inolvidables, cosas que te dejan marcado. Estando en el vestuario, el técnico Sturniolo me dijo que en caso de haber un penal quería que lo pateara. Le dije que sí, que no había ningún problema. A los 30 minutos perdíamos 3-0 y el árbitro cobró un penal para nosotros. Agarré la pelota y comenzaron a pasarme un montón de cosas por la cabeza: mi vida con los colores de Boca, la plaqueta que me dio la hinchada antes del partido, la bandera ubicada atrás del arco que decía “Roberto: la 12 no te olvidará jamás”. Pateé, convertí y allí se dio esa situación increíble de ver y escuchar al hincha de Boca celebrando ese gol en su contra. Junté mis manos y en ese gesto les pedí disculpas, pero sentía un agradecimiento enorme. Sinceramente no lo podía creer”.

Origen de la Nota :  Diario Infobae.

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